La campaña no empieza en el entrenamiento. Empieza la noche anterior, en la cabeza de quien va a competir: pensamiento acelerado, cuerpo quieto, la preparación que nadie filma.
Cerramos ese estado antes de generar una sola imagen: lenguaje, ritmo, lo que vería la cámara si hubiera cámara. Recién después entró la inteligencia artificial, para ejecutar una dirección que ya estaba decidida.